El cardenal Tagle se pronuncia sobre la negativa del papa León XIV a estrecharle la mano a Kate: «No fue una falta de respeto, fue un mensaje».
En respuesta a la creciente atención de los medios de comunicación mundiales en torno a un momento inesperado entre el Papa León XIV y Catalina, Princesa de Gales, el cardenal Luis Antonio Tagle ha ofrecido su perspectiva, instando al público a entender el gesto no como una falta de respeto, sino como un acto deliberado y profundamente simbólico.
El momento, ocurrido durante una recepción formal en el Vaticano para la realeza visitante, se viralizó rápidamente: la princesa Kate extendió la mano a modo de saludo, y el papa, con una cálida sonrisa, se la colocó sobre el corazón e hizo una ligera reverencia, negándose a estrecharle la mano. El gesto, aunque sutil y digno, desató un debate inmediato y confusión en internet.

Algunos interpretaron la acción del Papa como una violación del protocolo real o una declaración política. Otros especularon que reflejaba tensión entre la monarquía y el Vaticano. Pero según el cardenal Tagle, la verdad es mucho más espiritual que política.
“No fue un rechazo a una persona”, aclaró el cardenal Tagle durante una entrevista en Roma. “Fue un recordatorio de algo más profundo: una muestra de humildad y distanciamiento del poder mundano”.
Tagle explicó que el Papa León XIV ha practicado durante mucho tiempo formas no tradicionales de saludo, evitando a menudo los apretones de manos en favor de gestos que reflejan igualdad espiritual, especialmente cuando interactúa con figuras de autoridad política o real.
“A Su Santidad no le interesan las ceremonias por sí solas”, dijo Tagle. “Quiere recordarnos que ante Dios, ningún título, ninguna corona ni ninguna túnica nos hace superiores a los demás”.
Según fuentes vaticanas, el papa León XIV siente un profundo respeto por la princesa Catalina y la familia real británica. El gesto no fue personal, sino una expresión discreta de la visión del papa de sencillez, desapego del estatus y su compromiso con la humildad, valores en consonancia con los de san Francisco de Asís, a quien el difunto papa Francisco también veneraba.
El cardenal Tagle reconoció que el momento fue sorprendente para muchos, especialmente en los círculos diplomáticos, pero agregó que las acciones del Papa León deben leerse a través de la lente de la fe, no de la política.
“A veces los mensajes más poderosos son aquellos que permanecen en silencio”, afirmó.
Las reacciones en el mundo católico han sido diversas. Algunos elogiaron la constancia del Papa en la vivencia de sus valores, mientras que otros consideraron que el gesto podría haber sido malinterpretado. Sin embargo, la explicación del cardenal Tagle ha ayudado a calmar gran parte de la especulación, replanteando el evento como un momento de simbolismo moral en lugar de una ofensa.
A medida que el polvo se asienta, una cosa está clara: el Papa León XIV está comprometido a reformular el modo en que la Iglesia se relaciona con el poder, no a través de la confrontación, sino a través de gestos silenciosos y radicales que desafíen las expectativas tradicionales.
Y, en palabras del cardenal Tagle: “El Papa no le estrechó la mano, pero es posible que haya tocado el mundo de una manera diferente”.