Última hora: Meghan Markle pierde la inmunidad real mientras el Palacio traza la línea final
En un sorprendente giro de los acontecimientos que ha conmocionado tanto a la monarquía británica como a la prensa internacional, el Palacio de Buckingham ha anunciado oficialmente que Meghan Markle será despojada de lo que los expertos denominan su “inmunidad real”, una antigua cortesía informal que la protegía de ciertas presiones legales e institucionales como miembro de la familia real. La decisión, descrita por los asesores del palacio como una “última línea”, marca la culminación de años de tensión entre Meghan y la Firma.

Durante meses, circularon rumores de que el palacio estaba cada vez más frustrado con las iniciativas independientes de Meghan y el príncipe Harry, sus entrevistas de alto perfil y sus críticas sin tapujos a la institución real. Según varios corresponsales reales, el fallecimiento de la reina el año pasado creó un frágil vacío en el que las quejas pendientes simplemente se pospusieron, no se resolvieron. Ahora, bajo el reinado del rey Carlos III, el palacio parece decidido a reafirmar su autoridad.
Un comunicado del palacio publicado esta mañana fue breve pero cargado de implicaciones:
Tras una cuidadosa revisión, se ha decidido que Meghan, duquesa de Sussex, ya no disfrutará de ciertos privilegios e inmunidades ceremoniales que tradicionalmente se otorgan a los miembros de mayor rango de la Familia Real. Esta medida refleja el compromiso de la Corona con la dignidad y la imparcialidad de la monarquía.
Si bien la declaración no llegó a enumerar todas las consecuencias, los expertos legales de la realeza se apresuraron a señalar su importancia. En la práctica, la “inmunidad real” suele proteger a los miembros de la casa real de la participación directa en ciertos procedimientos judiciales del Reino Unido y les otorga cortesías diplomáticas en el extranjero. Al rescindir estas protecciones, el palacio deja a Meghan expuesta a diversos riesgos legales y reputacionales.
Fuentes cercanas a los Sussex han descrito a Meghan como “conmocionada pero desafiante”. Un portavoz de la pareja respondió escuetamente:
La duquesa de Sussex sigue centrada en su familia y su labor benéfica. Esta última decisión no la disuadirá de expresar su sinceridad ni de promover causas significativas a nivel mundial.
Mientras tanto, la reacción del público británico y del público internacional ha estado profundamente dividida. Los partidarios de Meghan argumentan que esta acción es una venganza destinada a silenciarla, lo que alimenta aún más la narrativa de que es una forastera que nunca perteneció realmente. Los críticos, sin embargo, afirman que era una decisión que debía haberse tomado hace tiempo, insistiendo en que Meghan y Harry no pueden beneficiarse simultáneamente de la realeza y criticar públicamente a la misma institución que la otorga.
Tras las puertas del palacio, fuentes cercanas afirman que esta no fue una decisión tomada a la ligera. Un alto funcionario describió al rey Carlos como “profundamente entristecido” por el deterioro de la situación, pero resolvió que “la monarquía debe perdurar más allá de las disputas individuales”.
Aun así, persisten las preguntas. ¿Se enfrentará Meghan ahora a demandas pendientes en el Reino Unido sin el respaldo de los protocolos reales? ¿Podría esto influir en los florecientes negocios y acuerdos mediáticos entre ella y Harry en Estados Unidos? Y quizás lo más conmovedor: ¿acaso esto pone fin definitivamente a cualquier esperanza de reconciliación con la familia real?
Por ahora, el Palacio de Buckingham ha dicho que no habrá más comentarios. Pero la brecha que comenzó como una grieta se ha profundizado hasta convertirse en un abismo, uno que ningún título ni tradición podrá salvar.