William queda devastado cuando el médico de Kate revela la verdad sobre su cáncer
El aire de la habitación se volvió pesado mientras William permanecía paralizado, con la respiración entrecortada y las manos apretadas a los costados. Apenas un minuto antes, el médico de Kate lo había mirado a los ojos y había pronunciado las palabras que destrozaron su mundo. “He hecho todo lo que he podido”, había dicho solemnemente. William se había estado preparando para ese momento, pero nada podría haberlo preparado para la realidad de lo que estaba a punto de revelarse.

Durante semanas, William había intentado ocultar la verdad al público, a sus hijos e incluso a sí mismo. Había esperado contra toda esperanza que la condición de Kate mejorara, que los tratamientos funcionaran, que la mujer a la que amaba más que a nada desafiara las probabilidades. Pero ahora, cuando las palabras del médico se habían asimilado, ya no había forma de negarlo. El tipo de cáncer contra el que Kate estaba luchando era…
William podía sentir el corazón latiendo con fuerza en su pecho. Su mente se apresuró a recordar los primeros síntomas: el agotamiento de Kate, la pérdida de peso inexplicable, el dolor persistente que ella había intentado con tanto esfuerzo ignorar. Al principio, lo habían descartado como estrés, como el costo de los deberes reales y la maternidad. Pero cuando llegaron los resultados de las pruebas, el diagnóstico había sido claro. Desde entonces, William había hecho todo lo posible para mantenerse fuerte por ella, para mantener las apariencias, para creer en un milagro.
La voz del médico lo devolvió al presente. “Hemos luchado mucho”, continuó con dulzura. “Kate es una mujer increíblemente fuerte y ha demostrado una resiliencia notable. Pero… hemos llegado a un punto en el que las opciones de tratamiento son limitadas”.
A William se le hizo un nudo en la garganta. Le había prometido a Kate que nunca permitiría que lo viera derrumbarse, que sería su apoyo pase lo que pase. Pero en ese momento, el peso de la realidad lo aplastaba. Quería gritar, suplicar por otra solución, otra oportunidad, pero en el fondo sabía que el médico había hecho lo mejor que podía. Kate había hecho lo mejor que podía.
Las lágrimas le ardían en los ojos al pensar en sus hijos: George, Charlotte y Louis. ¿Cómo podía decírselo? ¿Cómo podía explicarles que su madre, su amada, cálida y tierna madre, se estaba alejando? Había intentado protegerlos de la dura verdad, pero ahora ya no podía ocultarla.
Cuando se volvió para mirar a Kate, que yacía descansando en su cama de hospital, vio la fuerza en sus ojos a pesar del dolor. Ella ya lo sabía. Probablemente lo sabía desde hacía tiempo, pero se había guardado sus temores para sí misma, pues no quería ser una carga para él.
William respiró profundamente y tomó su mano, apretándola suavemente. —Estoy aquí —susurró con voz temblorosa—. Siempre estaré aquí.
Kate le dedicó una pequeña sonrisa cansada. —Lo sé —susurró.
En ese momento, William se dio cuenta de que, sin importar cuánto tiempo les quedara, él atesoraría cada segundo. La batalla no había terminado, todavía no. Pero, a medida que la verdad se asentaba, también lo hizo la desgarradora realidad de que su viaje juntos estaba llegando a su capítulo más difícil.