La disputa real que lleva años gestándose parece estar reavivándose, con nuevas especulaciones en torno al futuro de los títulos de duque y duquesa de Sussex.

Según informes de finales de 2025, incluidos los de RadarOnline y otros medios, Meghan Markle está “preocupada y desafiante” ante el temor de que el príncipe William intente despojarla de su título de duquesa de Sussex una vez que ascienda al trono. Fuentes internas citadas en estos artículos sugieren que la exactriz ha consultado con expertos legales y está preparada para luchar contra cualquier intento de este tipo. Una fuente anónima le atribuye la frase: “Nadie me va a quitar mi título de duquesa”. Esta narrativa presenta el título no solo como una cortesía, sino como un elemento central de su identidad personal, la imagen familiar del príncipe Archie y la princesa Lilibet, y la base de sus proyectos comerciales tras dejar la realeza, incluidos los proyectos de Netflix y su marca de estilo de vida As Ever.
Esta oleada de rumores surge tras la decisión del rey Carlos III en octubre de 2025 de retirar formalmente al príncipe Andrés los títulos y honores reales que aún conservaba, reduciéndolo a Andrés Mountbatten-Windsor, en lo que muchos interpretaron como un paso hacia una monarquía más austera. Se dice que el príncipe Guillermo apoyó esta medida, y algunos analistas especulan que podría impulsar reformas similares para otros miembros de la realeza que no desempeñan funciones oficiales, incluidos los duques de Sussex, para proteger la reputación de la institución en medio de las tensiones familiares.

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Sin embargo, a finales de enero de 2026, no se había iniciado ningún procedimiento legal, no se había presentado ningún documento judicial y ni Meghan ni sus representantes habían confirmado públicamente sus planes de demandar a la Corona o al príncipe Guillermo. Los principales medios de comunicación británicos —incluida la BBC, The Guardian y The Telegraph— trataron la historia como un rumor sensacionalista sin verificar, en lugar de un inminente drama constitucional. El Palacio de Buckingham no se pronunció sobre las futuras políticas de títulos bajo un hipotético rey Guillermo V.
Realidades legales y constitucionales.
Los títulos de duque y duquesa de Sussex fueron otorgados por la reina Isabel II en 2018 como un título nobiliario hereditario. Si bien los tratamientos de “SAR” de la pareja fueron eliminados en 2020 al retirarse de sus funciones reales, revocar el título ducal principal sería mucho más complejo. Los expertos señalan que casi con certeza requeriría una Ley del Parlamento, que podría invocar o modificar legislación como la Ley de Privación de Títulos de 1917 (originalmente para traidores en tiempos de guerra) o nuevas medidas específicas. Proyectos de ley presentados por miembros privados en el pasado, incluido uno propuesto en 2022 por el diputado Bob Seely para despojar a los duques de Sussex de sus títulos, no prosperaron.
Cualquier intento de llevar el asunto a los tribunales podría resultar políticamente explosivo, arriesgando la exposición pública de asuntos familiares delicados y suscitando acusaciones de extralimitación. Los expertos legales han señalado repetidamente que un particular —incluso alguien que haya sido miembro activo de la realeza— no puede demandar directamente a la Corona por títulos nobiliarios, como a veces sugieren los tabloides. Precedentes como la retirada del título del príncipe Andrés se lograron mediante acuerdos voluntarios y la prerrogativa real, no mediante litigios.

Contexto más amplio:
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Los duques de Sussex siguen utilizando el apellido «Sussex» tanto en el ámbito personal como profesional, y Meghan lo menciona como su apellido familiar compartido (como se muestra en su serie de Netflix «With Love, Meghan»). La relación entre el príncipe William y la pareja sigue siendo distante, sin indicios de reconciliación, pero la información fidedigna se centra en las especulaciones más que en acciones concretas.

Recientes contraargumentos incluso sugieren que el príncipe Guillermo podría, en última instancia, conservar los títulos, al considerar que la marca Sussex se ha debilitado y ya no representa una amenaza significativa tras la finalización de importantes acuerdos como el de Netflix. Como señaló un observador de la realeza, despojar a la pareja de sus títulos podría ser contraproducente, generando simpatía o nuevos titulares.
Por ahora, la “guerra legal sin precedentes” se mantiene firmemente en el terreno de las conjeturas periodísticas. Si surgieran novedades verificables, como proyectos de ley, declaraciones oficiales o documentos presentados, la historia podría cambiar rápidamente. Hasta entonces, el silencio del Palacio de Buckingham y la ausencia de registros judiciales hablan más alto que las fuentes anónimas. El futuro de la monarquía bajo el reinado del rey Guillermo es un tema que queda por resolver.